Autismo
El tratamiento quiropráctico ha cambiado la vida de Max Willson y sus padres. Informe de Christina Hopkinson
Quentin Wilson no es un claro defensor de la medicina alternativa. Este es el hombre que, después de todo, salió a la luz como presentador de ese bastión de los hombres, Top Gear, y que llamó a sus hijas Mercedes y Mini.
Admite que hasta hace dos años y media la poción más alternativa que había tomado era una pastilla de vitamina C. Pero después de llevar a su hijo Max a un quiropráctico se ha convertido en uno de los mayores apóstoles de este tratamiento.
«Estoy asustado con la diferencia que ha tenido Max antes y después de la quiropráctica», dice. «Ha pasado de ser diagnosticado autista y de necesitar un profesor de apoyo a convertirse en un activo y batallador niño de siete años en la educación normal».
Max nació en abril de 1998 tras un parto muy difícil. El cordón umbilical se enrolló en su cuello dos veces y se anudó y debido al descenso en el ritmo cardíaco, tuvieron que sacarlo muy rápido. Para mayor angustia de su mujer, Quentin llegó seis horas tarde al parto. «Me quedé clavado en las inundaciones de la M40 sin cobertura en el móvil. Michaela pensó que estaba muerto».
Quentin y Michaela se dieron cuenta enseguida de que Max no se desarrollaba del mismo modo en que su hermana mayor, Mercedes, se había desarrollado siete años antes. Sus ojos no enfocaban, mientras que los movimientos de sus manos eran más descoordinados que los de los niños de su edad. Pero fue cuando Max entró en el sistema educativo a los cuatro años cuando empezaron a buscar ayuda. «Nunca quieres admitir en tu fuero interno que tienes un niño retrasado», dijo, «pero estaba claro que él estaba muy, muy por detrás. No se podía concentrar, era hiperactivo y agotador». Cada obstáculo de la infancia era doblemente difícil de lo que lo había sido para su hermana, llevó pañales hasta los cuatro años, era imposible quitarle el biberón y nunca dormía la noche entera. Las salidas en familia, como ir a un restaurante o a casas de amigos, eran imposibles.
Los Wilson consultaron a profesionales de la salud tanto públicos como privados intentando descubrir qué iba mal con su hijo y recibieron diagnósticos que incluían la dispraxia y la dislexia. Incluso empezaron a sospechar que Max era autista, ya que mostró algunos síntomas que suelen asociarse a esa enfermedad: andaba de puntillas, estaba obsesionado con la ropa suave y no le gustaban las etiquetas junto a su piel.
Estaban en el punto de tratar a Max con Ritalin, el medicamento que se usa para tratar a los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad cuando tuvieron una revelación «casi surrealista». Quentin fue a recoger a Max de una fiesta de cumpleaños en la que «había hecho su truco habitual de sentarse debajo de la mesa durante dos horas». Allí conoció a una madre que había estado observando a Max la hora anterior. Dijo que pensaba que su esqueleto estaba desalineado y que deberían ir al quiropráctico que ella había utilizado, Deirdre Edwards, que tiene su clínica en Stratford Upon Avon, cerca de la casa de los Willson.
La quiropráctica es un tipo de medicina complementaria que utiliza la manipulación manual de la columna para alinearla correctamente y mejorar el funcionamiento del sistema nervioso. Deirde Edwards practica un tipo de quiropráctica llamado McTimoney, que tiene un enfoque holístico y examina no solo los desalineamientos espinales y esqueletales, sino también el bienestar general y la calidad de vida del paciente. Pese a ser profundamente escépticos, los Willson sintieron que no tenían nada que perder por borrar otro tratamiento más de su lista.
Autismo
El tratamiento quiropráctico ha cambiado la vida de Max Willson y sus padres. Informe de Christina Hopkinson
Quentin Wilson no es un claro defensor de la medicina alternativa. Este es el hombre que, después de todo, salió a la luz como presentador de ese bastión de los hombres, Top Gear, y que llamó a sus hijas Mercedes y Mini.
Admite que hasta hace dos años y media la poción más alternativa que había tomado era una pastilla de vitamina C. Pero después de llevar a su hijo Max a un quiropráctico se ha convertido en uno de los mayores apóstoles de este tratamiento.
«Estoy asustado con la diferencia que ha tenido Max antes y después de la quiropráctica», dice. «Ha pasado de ser diagnosticado autista y de necesitar un profesor de apoyo a convertirse en un activo y batallador niño de siete años en la educación normal».
Max nació en abril de 1998 tras un parto muy difícil. El cordón umbilical se enrolló en su cuello dos veces y se anudó y debido al descenso en el ritmo cardíaco, tuvieron que sacarlo muy rápido. Para mayor angustia de su mujer, Quentin llegó seis horas tarde al parto. «Me quedé clavado en las inundaciones de la M40 sin cobertura en el móvil. Michaela pensó que estaba muerto».
Quentin y Michaela se dieron cuenta enseguida de que Max no se desarrollaba del mismo modo en que su hermana mayor, Mercedes, se había desarrollado siete años antes. Sus ojos no enfocaban, mientras que los movimientos de sus manos eran más descoordinados que los de los niños de su edad. Pero fue cuando Max entró en el sistema educativo a los cuatro años cuando empezaron a buscar ayuda. «Nunca quieres admitir en tu fuero interno que tienes un niño retrasado», dijo, «pero estaba claro que él estaba muy, muy por detrás. No se podía concentrar, era hiperactivo y agotador». Cada obstáculo de la infancia era doblemente difícil de lo que lo había sido para su hermana, llevó pañales hasta los cuatro años, era imposible quitarle el biberón y nunca dormía la noche entera. Las salidas en familia, como ir a un restaurante o a casas de amigos, eran imposibles.
Los Wilson consultaron a profesionales de la salud tanto públicos como privados intentando descubrir qué iba mal con su hijo y recibieron diagnósticos que incluían la dispraxia y la dislexia. Incluso empezaron a sospechar que Max era autista, ya que mostró algunos síntomas que suelen asociarse a esa enfermedad: andaba de puntillas, estaba obsesionado con la ropa suave y no le gustaban las etiquetas junto a su piel.
Estaban en el punto de tratar a Max con Ritalin, el medicamento que se usa para tratar a los niños con trastorno por déficit de atención e hiperactividad cuando tuvieron una revelación «casi surrealista». Quentin fue a recoger a Max de una fiesta de cumpleaños en la que «había hecho su truco habitual de sentarse debajo de la mesa durante dos horas». Allí conoció a una madre que había estado observando a Max la hora anterior. Dijo que pensaba que su esqueleto estaba desalineado y que deberían ir al quiropráctico que ella había utilizado, Deirdre Edwards, que tiene su clínica en Stratford Upon Avon, cerca de la casa de los Willson.
La quiropráctica es un tipo de medicina complementaria que utiliza la manipulación manual de la columna para alinearla correctamente y mejorar el funcionamiento del sistema nervioso. Deirde Edwards practica un tipo de quiropráctica llamado McTimoney, que tiene un enfoque holístico y examina no solo los desalineamientos espinales y esqueletales, sino también el bienestar general y la calidad de vida del paciente. Pese a ser profundamente escépticos, los Willson sintieron que no tenían nada que perder por borrar otro tratamiento más de su lista.